Cómo surgió la idea de mi primer libro
La idea de escribir mi primer libro apareció en un instante, como esas iluminaciones que llegan sin anuncio y, de pronto, enfocan algo que estaba esperando ser visto. Recuerdo perfectamente ese día, aunque antes vale compartir algo de contexto.
Convertirme en escritora no fue un sueño de infancia ni una ambición temprana. Surgió más adelante, tímidamente, hacia mediados de mi vida profesional. La pasión fue creciendo mientras publicaba columnas en distintos medios: El Cronista, dirigido entonces por Juan Carlos De Pablo —quien me dejó uno de los mejores consejos que recibí: releer un artículo y tachar todo lo que no fuese imprescindible—, y también Ámbito Financiero, Clarín, La Nación y diversas revistas. Una etapa intensa, rica, formativa.
Un verano, El Cronista publicó un artículo mío titulado “Los jóvenes y su falta de compromiso”. Imagino que lo habría escrito pocos días antes. En ese momento yo estaba de vacaciones con mi familia en una zona alejada de la provincia de Entre Ríos.
A partir de la publicación, la producción del programa conducido por Daniel Hadad, en Radio América, comenzó a buscarme para una entrevista. Fue una búsqueda insólita: mensajes en el contestador de mi casa, llamados a mi cuñada, luego a mi hijo mayor, y dos intentos fallidos al hotel porque yo estaba registrada con mi apellido de casada. Finalmente me ubicaron, después de un largo rastreo.
Primero sentí sorpresa, lo confieso. También satisfacción. ¿Qué había generado tanto interés en ese artículo? Esa pregunta nos la hicimos en voz alta con mi esposo. Durante la entrevista me consultaron por ejemplos concretos. No bastaba con la conclusión: querían conocer la experiencia que la sostenía. Intuí que se esperaba menos teoría y más realidad. Mi realidad. La de trabajar todos los días, a todas horas, con personas reales en un mundo real.
Fue entonces, aquella mañana, cuando surgió la idea de escribir mi primer libro. Y así empezó un proceso que culminó meses después con la publicación de la obra.
Ese primer libro me dejó un sabor complejo: una producción deficiente, una correctora de estilo que no comprendía la temática, intentos de modificar mis palabras y, finalmente, un pobre desempeño en ventas. Desde este punto de vista, podría denominarlo “fracaso”. No obstante, para mí y a la distancia, fue una experiencia invaluable. Me enseñó más de lo que hubiera imaginado.
Rescato un recuerdo luminoso: la presentación del libro. Fue una celebración maravillosa, en un lugar de moda, con excelentes oradores, rodeada de mi familia y de muchos amigos. Una verdadera fiesta, y el inicio —agrio, dulce y profundamente significativo— de mi camino como autora.